Lo declaro. Me podría pasar todos los días de concierto en concierto. Sobre todo en conciertos como los de ayer, en salas acogedoras, con un aforo tan reducido que sientes que estáis todos en familia y con un público al que no le importa que un martes a las 22:00 de la noche le suponga trasnochar al día siguiente y llegar con sueño al trabajo. ¿Por qué? Porque vamos entregados a ver a un grupo que sabemos que no nos va a decepcionar, que va a llenar nuestros ojos de emoción y que su música nos habrá alegrado el día, la semana y el alma.

Reconozco que The Dodos no es un grupo al que haya seguido desde sus comienzos y del que haya escuchado sus discos repetidas veces, pero en conciertos como los de anoche es donde de verdad veo que por mucho o poco que puedas seguir a una banda, es en esos momentos cuando te van a atrapar por completo y ya no vas a poder dejarles de seguir. Su puesta en directo, sus canciones tan dulces, ese sonido tan experimental y cautivador me dejaba sin palabras. Y cómo me gustan este tipo de escenarios tan pequeñitos como el de la Sala Sol que parece que si extiendes el brazo puedes hasta tocarles y abrazar su música.
En definitiva, un concierto más a mi lista para no olvidar.
qué bien, me alegra que lo disfrutaras tanto, conciertos así son los que se quedan para siempre en la memoria!
ResponderEliminarEs verdad, un concierto siempre es definitivo. Para bien o para mal... Un abrazo.
ResponderEliminar